La mayor parte del dinero de esta propuesta no construiría nada nuevo. De los $5 mil millones que Global Energy Markets (GLENMAR) asigna a un circuito de gas entre cinco países de Asia Central, $2 mil millones corresponden a construcción nueva y $3 mil millones a la modernización y digitalización de líneas ya tendidas, según la descripción del proyecto publicada por EconoTimes.
Ese reparto indica para qué sirve el plan. Se trata de mover el gas por la región con más libertad, no de producir más. GLENMAR coorganiza el Foro de Petróleo y Gas de Asia Central; el circuito uniría las redes de transporte de Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán. Euronews también informó sobre la propuesta.
Cifras clave
- $5 mil millones estimación de GLENMAR para el circuito, dividida en $2 mil millones de obra nueva y $3 mil millones de trabajos de modernización
- 3,000 kilómetros de línea nueva o renovada según la descripción de GLENMAR; en un artículo en Petroleum en febrero de 2026, el asesor del Global Gas Centre Askar Ismailov situó la ruta entre 3,000 y 3,500 kilómetros y el costo preliminar entre $4 mil millones y $5 mil millones
- 24.2 mil millones de metros cúbicos de gas uzbeko producidos entre enero y agosto de 2026, frente a 28.9 mil millones un año antes, una caída de aproximadamente 16.3 %, según el Comité Nacional de Estadística del país
- 126.377 millones de metros cúbicos de gas uzbeko importados por Tayikistán en el primer semestre de 2026, según su Ministerio de Energía y Recursos Hídricos
La red existente se construyó para enviar el gas en sentido contrario
El argumento de Ismailov se basa en el sistema Asia Central-Centro, tendido entre 1967 y 1985 para llevar el gas hacia el norte, fuera de la región. Escribe que puede operarse en sentido inverso, pero como los equipos se diseñaron para una sola dirección, los flujos inversos son más débiles y más difíciles de ajustar.
Según su argumento, un circuito daría a Kazajistán y Turkmenistán rutas adicionales de exportación y a las tres redes más pequeñas suministros más estables. La fuente deja claro que se trata de beneficios proyectados, no confirmados.
En pocas palabras: un gasoducto de larga distancia no es, por defecto, una vía de doble sentido. Los compresores y las válvulas se colocan para empujar el gas en una dirección, por lo que invertir el flujo suele implicar menor capacidad y menos margen para cambiar de proveedor o comprador cuando cambian las condiciones. Conectar varias redes nacionales en anillo es una forma de sortearlo, porque el gas puede llegar a un vecino por más de una vía.
Lo que la documentación deja abierto
Ninguno de los documentos de esta propuesta resuelve lo básico. No se ha terminado ningún estudio de viabilidad, según el propio Ismailov, quien describió su rango de costos como una cifra de planificación aproximada.
Las dos longitudes de la ruta también coexisten sin conciliarse: los 3,000 kilómetros de GLENMAR frente a los 3,000 a 3,500 de Ismailov. Nada en el material explica si el alcance cambió entre ambas.
Y no hay un panorama de financiamiento. GLENMAR desglosa los $5 mil millones por tipo de obra, no por quién paga, por lo que se desconoce la parte que corresponde a cada gobierno o empresa.
